La menos huérfana de las huérfanas, la más madre de las madres, la más hija de las hijas, la más hermana de las hermanas.
La más guapa de las guapas
La más huérfana de las huérfanas
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| Pilar Laurenz, imagen por Idoia Laurenz |
Si sólo fuera ópera, sería una de María Callas, con la voz de las tribus vascas cuando quieren llamar desde un valle a otro, para advertir que su gente se ponga a resguardo, porque después de un suspiro, llegará la tormenta.
Luego vendrá la lluvia desde sus ojos, y todas las aguas nacerán allí, dónde suena el llanto.
En sus valles, los senderos serán todos de piedra y las noches soñarán con pintar la sombra de su melena, para dejar que su luz se vista de blanco.
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| Imagen por Idoia Laurenz |
Tengo adentro un tesoro que heredé de la sangre, que sabe construir fortalezas para esconder las ausencias.
Mi historia es un jeroglífico de almas antiguas, que convierten la novela de cualquier vida en un libro de mandamientos sin discípulos ni creyentes.
Y tú, ¿quién te crees que eres?...
Nadie te ha otorgado el derecho
de seguir mis pasos,
ni de estudiar mi lengua.
Creer que casi todo depende de ti
Soñar con todas las utopías, alguna vez en la vida
Saber que hay cosas que no las podrás cambiar
Vivir la vida que te tocó sin mirar a nadie más
Recorrer tu camino sin enterrar tus sueños
Da igual escribir o viajar de forma compulsiva,
comprar, beber o irse lejos a sufrir todos los conflictos del mundo.
Son diferentes vías que llevan al mismo destino:
Huir de ti mismo.
Lo difícil es meditar. No alejarte, no salir de ti, ni de tu metro cuadrado
quedarte
y conseguir ahí tu propia paz.
̶ ¿Qué te pasa, Ayla? Te noto apagada ̶ supongo que él lo dice porque no estoy como siempre, con la sonrisa en la boca.
̶ Ando en una transición espiritual ̶ le respondo ̶ . Hasta hace poco le concedía un valor importante al ser humano, digamos que le otorgaba un 7 sobre 10. Sin embargo, he tenido una noche muy reflexiva y desde hoy sólo le doy un 2, siendo generosa, claro.
̶ ¡Qué pesimista! ̶ añade, dejando un semblante disconforme que inmediatamente corrobora diciendo: ̶ así no se puede ir por la vida. Tampoco te va tan mal, Ayla.
No digo nada. Sólo pienso en mis razones, pero no contesto de forma automática. Tengo experiencias suficientes en mi espalda que argumentan mi conclusion, pero sería una pérdida de tiempo, porque podría parecer que sólo es una percepción personal, y además, me callo porque no se puede debatir con “un dos”: una certeza que descubrí hace mucho tiempo y que sigo a rajatabla.
̶ Existen 56 conflictos armados activos en el mundo ̶ al final hablo porque no lo puedo resistir, y quiero poner un argumento menos cuestionable ̶ . ¿Así queda más claro?
A él le gustaba ejercer la sabiduría. Le encantaba cualquier actividad destinada a adquirir, desarrollar y mantener una habilidad para interpretar el mundo. Por eso, cultivaba el universo de la palabra, también practicaba cualquier deporte y por supuesto, guardaba el rincón de los afectos para los seres humanos. Se acercaba mucho a los más sencillos.
Le gustaba hablar y comer con los pastores, dormir solo en el monte y soñar despierto.
Entiendo las consignas a la primera
y también amo la simplicidad.
En consecuencia, tus anáforas me parecen tan sobrantes
como improductivas.
En la riqueza o en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, solo existen dos clases de personas: las que ayudan primero y las que primero defienden sus intereses.
Los interesados además son impostores, porque a menudo tratan de pasar por generosos, y si pueden, se aprovechan de ellos. Son los cobardes de cualquier trama y los malos de la película.
| Imagen por Ayla Michelle |
La discriminación tiene una gran estructura, formada por unos pocos que marginan, postergan o excluyen de forma sigilosa, y muchos cómplices que los apoyan con su silencio activo, porque aspiran a ocupar o mantener el lugar que de otra forma no les corresponde.
Pero recuerda que el tiempo siempre hace justicia, y solo donde hay verdaderas semillas permitirá que crezcan flores.
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| La flor de la justicia - Selfie de Ayla Michel |
| Imagen por Ayla Michelle |
Pienso que nuestro cerebro, o mejor dicho, nuestra imaginación intenta engañarnos continuamente. Y es cierto que las personas depositamos altas expectativas en aquella parte de la anatomía o de la vida de alguien que aún no conocemos. De hecho, en el lenguaje de la seducción, es mucho más efectivo sugerir que mostrar.
La mente conserva, por fortuna, ese rinconcito de la ingenuidad de la infancia. Será por eso que los regalos llevan su envoltorio. Aunque al abrirlos generan con frecuencia, más frustración que sorpresa.
Y cuando esta cualidad tan nuestra, la ponemos al servicio de Internet, la frustración es el resultado garantizado. Porque podemos distinguir con claridad una fotografía manipulada con Photoshop. Sin embargo, nos cuesta mucho detectar la manipulación de un perfil de Internet, creado para aparentar un carácter de antihéroe moderno, con una inteligencia brillante, y con la capacidad de generar confianza a través de una estrategia de juegos malabares creados con palabras. Por la misma razón, en los perfiles de Internet a ninguno de nosotros le favorece la mascarilla. En Facebook, todos estamos mucho más guapos sin ella.
Si lo pensamos bien, los amigos interesantes y atractivos que todos hemos conocido realmente, aunque su perfil virtual no esté mal, resultan mucho más atractivos en persona, porque nuestro cerebro es capaz de detectar otros matices de gran belleza que siempre requieren la presencialidad.
Por supuesto, Internet es un avance indiscutible para muchas cosas. Pero para conocer personas atractivas de verdad, interesantes y sobre todo de confianza, sencillamente no sirve.
De todas las caras que tuvo el amor, tú fuiste la más extraña. Tu forma de estar se parecía a las nubes.
Más del cielo que de nadie.
Aunque vengan días de Sol, vivo como siempre, por delante, tal y como prometí.
Como si nunca te hubieras ido.
No perdura un amor que no es correspondido.
Cuando eres indiferente para alguien, siempre termina siendo recíproco.