13 de enero de 2016

Cuarto alumbramiento

     


Las bobinas de perlé de color blanco ocuparon durante unas horas la mesa de la cocina. Mi madre las esparció una tarde para tejer con ellas, el sueño de que su cuarto embarazo, desvelase al nacer, que yo fuese una niña.
 
Después del sueño, volvió a reagrupar las bovinas en una bolsa, y bordó mi nombre en ella.  Luego preparó la comida para sus dos hijos varones, de cinco y seis años, que correteaban por el pasillo dando patadas a un balón y marcaban goles en la puerta de su casa. También cuidaba del más pequeño, de nueve meses, que dormía en el cochecito mientras la mujer movía adelante y atrás, cantando canciones de cuna que servían de rezo para ahuyentar los malos espíritus.

   Algunas mañanas soleadas mi madre visitaba a mi tía que vivía a dos kilómetros de casa. Mi madre cantaba por la calle mientras empujaba con sus antebrazos el carrito del bebé, y mis dos hermanos mayores, la ayudaban a dirigir la marcha con la fuerza de sus manos, cada uno de un lado. Todos seguían un camino entre medio de unos campos de trigo. Y mientras caminaba, empujaba, cantaba y vivía, mi madre tricotaba con sus brazos un jersey. Al compás de sus pasos y su canto, daba puntadas para tejer un sueño de calor para cualquier frío.

  Una noche de verano la mamá rompió aguas. Preparó su bolso, llamó a su marido para que le buscara un taxi y después avisó a la vecina para decirle que se iba a parir y que sus hijos dormían.

   –Es el cuarto hijo que tengo –dijo mi madre al entrar en el hospital, y de esta forma, quiso dejar clara su experiencia–. Creo que va a nacer enseguida.

   –Pues eres la quinta parturienta de la noche y aquí se pare por orden –aseguró la comadrona, y la invitó a tumbarse a esperar en una camilla.

   Durante una hora nadie entró a visitarla. Ella sintió unas ganas irreprimibles de empujar, y empujó. Así que yo asomé la cabeza y en ese instante regresó la enfermera.

   –Todavía tendrás que esperar unas horas. Estoy atendiendo otro parto –comentó desde la puerta y dejando clara su intención de no traspasarla.

   –Haz lo que quieras –contestó muy decepcionada mi madre–, de todas formas mi hija está naciendo. Porque tienes que saber que es una niña.

   Fue entonces cuando la enfermera se decidió a entrar en la habitación y se acercó a mirar entre las piernas de mi madre, con la intención de volver a irse.

   –¡Bruta! ¡Burra! ¡El niño tiene la cabeza fuera! –gritó la enfermera con ganas, como intentando frenar lo imparable.

   –Ya se lo dije –insistió mamá. Y además le aseguro que es una niña. Así que ayúdeme o váyase, de todas formas mi hija y yo podemos hacerlo todo solas, si usted tiene otras tareas.

   Al final, decidió quedarse el tiempo justo, que fue muy poco porque mi nacimiento era inminente. Después de que nací, la comadrona salió de nuevo al pasillo y entoces sí, gritó “es niña”.

   Mi padre lo escuchó desde la sala de espera y dice mi madre que mi aita lloró mucho.

  Así que parece que los insultos fueron las primeras palabras que yo oí al nacer. Mi madre estaba ahí, y ella me ha enseñado, con su fortaleza y su ejemplo de vida. Por eso, sé  que estoy predestinada a superar el rechazo y sobrevivir al olvido.

El tothem que define a mi madre, es que "hay que seguir hacia delante" para nacer con alegría.

   Y aunque tengo muchas preguntas que le hago a la vida y que nadie puede responder, vivo en silencio con los que me quieren y me siento a la mesa con los que sabemos entender su dolor.

 Mis hermanos y yo, estamos bautizados en la fe de mi madre.  En esta condición de charco que se forma siempre en el mismo vacío, en este hueco hermoso y heredado, que dibuja nuestra sonrisa, cada vez que llueve.

2 comentarios:

  1. Tremendo, Idoia. Todas las experiencias nos marcan, y más todavía las de la infancia. De repente es como dicen por ahí "no podemos cambiar nuestro pasado, pero podemos cambiar nuestra manera de relacionarnos con él". Un abrazo, guapa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Silvio!!! Ahora leí tu comentario. Tres años han pasado y no lo había visto. Muchas gracias. Me ha hecho mucha ilusión.
      Un abrazo.

      Eliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.