23 de mayo de 2020

La suite.

       Da igual en qué parte del planeta esté la cama en la que mi cuerpo descansa, porque mi alma siempre regresa a este cuarto de luna nueva que no se parece a ninguna otra suite del mundo. Duermo en la habitación de mis sueños, con buenas  vistas a lo desconocido, desde que era una niña.  Es un lugar de poco armario que me permite hacer  las maletas  en tres minutos.  Sólo la almohada es la raíz que me ata a esta tierra y por eso siempre me la llevo conmigo.

Las  luces se apagan a mi antojo a cualquier hora del día. Mi libro de cabecera es  un agujero de gusano que se abre en la página que me permite viajar sola en el tiempo. El destino puede ser cualquier rincón del futuro, aunque alguna mañana me despierto con  el sabor de algo ya vivido.

Mi esperanza de vida es el sueño del tiempo que me queda por vivir. Por eso nunca echo el ancla en una duna del pasado. Pienso que el día que sólo viva de los recuerdos mi corazón dejará de latir por viejo.

Otras veces amanezco en el lugar equivocado y despego de urgencia en el primer vuelo. 

Fotografía de Idoia Laurenz.

3 de febrero de 2020

Inteligencia defensiva.


Me reconozco distraída y olvidadiza. Puedo parecer ingenua y a ratos desprevenida, pero intuyo la presencia de una serpiente al acecho a kilómetros de mi espalda.

Entonces me limito a fingir que soy lo que parezco. Ésa es mi estrategia.

Me doy la vuelta porque siempre peleo dando la cara. Espero con aparente confianza y me permito el gusto de pecar sin exceso de simular que soy una presa fácil.

Ella solo avanza por arrastre y cuando cree que me tiene en su perímetro de alcance, simplemente desaparezco.

Es un error discutir o conversar con una víbora. El veneno mortal está en su lengua y es allí donde tiene que permanecer. En una victoria limpia no queda ni rastro después de la batalla.

Solo la serpiente y yo sabemos con claridad quién ha vencido.




23 de enero de 2020

Peor que nada

Lo peor no es saber que sobras en un lugar, porque puede haber una razón más importante que tú, que justifique tu permanencia.

Es triste seguir allí donde eres objeto de envidia, de constante observación, porque sentirse perseguida, para bien o para mal, es un verdadero suplicio.

Aún así, lo peor de todo es seguir allí donde sólo sientes envidia por la belleza  ajena. Donde tu vida consiste en verte siempre a través de una persona que no eres tú y perseguir en ese espejo a las personas que rodean a ese otro. Porque entonces significa  que sigues ahí para algo mucho peor que nada. 

18 de enero de 2020

La Sirenuca.

Ella es un ser de nobleza existencial, porque su verdad no tiene nada de azul pero su sangre tiene el color del fuego.

Ella cree en la vida, en la honradez y en el amor. Alguien que cree en la infancia con mayúsculas por encima de todo.

Solo un ser mitológico , como ella, podría vivir al límite de los sueños irreales del mundo, siempre apostando por el valor incuestinable del ser humano.

Ella muere cada día por la música. Y  solo ella es capaz de convertir toda su esencia en  una mujer real y después hablarte, sonreír o tomarse contigo una cerveza y  seguir siendo aparentemente la misma.

Ella es alguien que consigue sacar del mar hasta lo que Dios le negó un día y acto seguido se lo bebe todo de un trago brindando siempre a tu bendita salud.

En la historia de mis tiempos ninguna sirena se convirtió, ni en sueños, en una mujer tan guapa.

Pero hubo un día en  el siglo XXI en el que el mundo se dio la vuelta, y entonces, alguien se levantó del océano y por arte de magia  apareció ella.


Dedicado a Sonia, La Sirenuca.

30 de diciembre de 2019

El llanto de una moneda.

Cuánto poema que nace sin dolor en la cara visible y anestesiada de nuestro mundo.
 Y cuánto  dolor que se muere sin un poema en el  otro lado, el de la cruz y el olvido.

29 de noviembre de 2019

Sálvese quien pueda.

Se  nota a la legua que no has vivido una guerra, de esas de las  chungas, me dice él con su lascivo atrevimiento.

Pero guerra de la buena, sí que puedo darte, y mucho más de lo que tú te imaginas, pienso yo sin decir nada, porque  a los dos nos sobran las palabras.

21 de noviembre de 2019

Aritmética virtual.


      En medio de tanta confusión de megabytes, tu verdadera personalidad es el máximo común denominador, entre tu perfil virtual de Facebook y el perfil real que muestras al vecindario.

      La verdad es el resultado final que obtienes al restar a tus palabras anónimas, el valor real de tus gestos cotidianos.

    Tu pensamiento se torna patológico cuando invierte más tiempo en la virtualidad que en la familia.

           Y si a pesar de todo, sigues convencido de que te has enamorado a través de una pantalla, ten cuidado, porque has entrado en el terreno de la metafísica.

          Mira tu rostro frente a un espejo y verás que te has enamorado de la idealización de ti mismo.


15 de noviembre de 2019

Mi antebrazo.


    Escribo por encima de las hojas en blanco que me regaló el silencio.

   Amo en libertad, por debajo del hermetismo y los años que se acumularon detrás de una puerta, sin llave ni castillo.

  Empuño mi guitarra como el arma de fuego, que sabe alejar a los cobardes que anidan en mis sábanas, y puede calcinar la mirada obsesiva de los fantasmas enemigos.

      Y canto en clave de sol a esa voz que responde las cartas olvidadas, que escribo algunas noches, cuando oigo el aviso de *alerta amarilla.

*Alerta amarilla: No existe riesgo meteorológico para la población en general, aunque sí para alguna actividad concreta.

11 de noviembre de 2019

En mi brazo



   Este brazo no escribe mirando al cielo de nadie. Es un tronco que creció en el silencio. Mi mano y yo nos parecemos. Invocamos a nuestras raíces y aceptamos el vacío de todo lo que el destino no quiso compartir conmigo.

   Le doy las gracias a este brazo que lleva el testigo de nuestra herencia y el valor para salir con astucia del guión que nos entregaron mucho antes de nacer. 

  Este brazo lleva tu sello, la arrogancia de querer escribir poco y sola, de relatar  su historia en medio de la tormenta y hacerlo siempre fuera de los márgenes de la comodidad.  Así es mi brazo. Como tendría  que ser el amor. Como debería de ser la vida.