3 de febrero de 2020

Inteligencia defensiva.


Me reconozco distraída y olvidadiza. Puedo parecer ingenua y a ratos desprevenida, pero intuyo la presencia de una serpiente al acecho a kilómetros de mi espalda.

Entonces me limito a fingir que soy lo que parezco. Ésa es mi estrategia.

Me doy la vuelta porque siempre peleo dando la cara. Espero con aparente confianza y me permito el gusto de pecar sin exceso de simular que soy una presa fácil.

Ella solo avanza por arrastre y cuando cree que me tiene en su perímetro de alcance, simplemente desaparezco.

Es un error discutir o conversar con una víbora. El veneno mortal está en su lengua y es allí donde tiene que permanecer. En una victoria limpia no queda ni rastro después de la batalla.

Solo la serpiente y yo sabemos con claridad quién ha vencido.




4 comentarios:

  1. Hola!!! Rubia
    Sólo pasaba a saludarte y dejarte mi abrazo.
    Dani..

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    1. Hola, Dani!!! Qué ilusión tu visita. Y cuánto tiempo ha pasado desde aquellas lecturas de Confesiones, en aquellos tiempos en los que buscaba buenos poetas en la red.
      Un abrazo!!!

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  2. Me gustó desde el título hasta la conclusión, Pelo de fuego. Normalmente yo evito cualquier tipo de confrontación, a menos que del otro lado haya un mínimo de parque y que la cosa valga la pena. Un abrazo, guapa.

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  3. Hola, Silvio. Cierto. Es fácil percatarse del asunto, porque cuando queremos mejorar algo nos dedicamos a pensar, después vienen las ideas, que filtradas por la reflexión podrían incluso llegar a ser buenas ideas. Una vez ahí, la necesidad vital de una es compartirlo, conversarlo con el prójimo. Pero claro, hay que mirar muy bien con quién. Porque para la mayoría de las personas el debate solo es un instrumento para engrandecer su propio ego. Como no lo consiguen con la razón, normalmente empiezan reprobando y terminan ofendiendo. Son perdedores sin estrategia emocional, porque el ansia de ganar les puede. No tienen paciencia, pero cuidado, están jodidamente cargados de perseverancia en intentar ofender y no paran hasta que lo consiguen.
    Un abrazo grande, Silvio.

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