30 de agosto de 2016

El eco de tu ausencia.




Me fugué de aquella casa sin hacer ruido. Salté por aquella ventana cuando dormían todas mis ausencias. Abandoné los sueños en la parte más alta. Se quedaron junto al desorden y el olvido, entre papeles y abrigos que ya no podían calentarme nada.

Hoy regreso a mí misma, más de treinta años después, y te encuentro a a ti en el camino de vuelta.

Me acompañas porque quieres acostarte conmigo. Me dejo acompañar porque te quiero enseñar el ático en el que gritaban de miedo los huérfanos de mis fantasmas.

Me das un beso entre las cuatro paredes que ya no hablan. Tus pies pisan la marca de un charco reseco. Hace tiempo que el tejado no cubre a nadie. Tampoco llora.

Las piedras asoman su silencio todavía en carne viva.

Soy una mujer de piel impoluta y blanca que busca su lugar entre los escombros.

Eres un hombre que lleva una tribu de nómadas en los ojos, una semilla en los pies, un pozo en las alas y cientos de amantes colgadas de un cuerpo que ninguna supo mirar desnudo. 

Me quedo atrapada entre las vocales de tu nombre, en tu vocación de pararrayos de mi tormenta, en tu cama de flores sobre mi techo en ruinas.

Eres un silencio muerto en la garganta, que sacia la sed en el hueco de mi ombligo.

*Fragmento de Por si te encuentro.
** Imagen por Idoia Laurenz.