7 de diciembre de 2016

De carne y sueño.

   
A ti no te hace falta esconder el deseo detrás del silencio. Tampoco tu boca necesita reclamar mi dote a los cuatro vientos. Vuelas sin prometer la vida y es tu cuerpo el que se pronuncia de noche, en favor de todos mis bienes gananciales.  Es tu cara  la que me mira de frente sin hacerse pasar por alguien distinto. Eres tú quien pone la geografía bajo el control de tus pasos, no en los de la casualidad, acercando a la mínima expresión cualquier medida de la distancia que nos separe.

Para soñar tengo la hoja en blanco y un puente levadizo del que sólo yo tengo la llave. Lo puedo bajar a mi antojo para que mis héroes de barro entren y conviertan a esta plebeya en la única dueña de todos sus castillos en el aire. Ellos se reducen a la tinta de mis sueños, en los que unas veces me aman y otras no tanto... No saben que tengo las manos libres para ese amor que mi cabeza se inventa. La estantería está llena de versos malabares y trucos de magia que convencen más fácilmente a mi alter ego que sueña. 

       La realidad amanece y rinde pleitesía en mi alcoba que no pide un poema que venga de tu teclado, ni de tu lengua un perdón porque la sarna con gusto no ofende. No tengo que arrancar de tu boca un te amo que suplante la ausencia de ti con bellas cartas postales. No me hace falta mirar detrás de tu foto para destapar mentiras o adivinar un rostro. 

       No voy a liberarte de este amor de carne y sueño. Sólo los hombres que no saben quererme como tú son los que nunca están o simplemente desaparecen.



Imagen por Ayla Michelle.