10 de diciembre de 2013

Las ortigas de mis ojos


No cuento ya los inviernos que estoy escribiendo a oscuras, ni sé si este resplandor de nacimiento tardío, custodia con mi muerte su fecha de extinción.  Menos aún presiento que escribo agonizante esta promesa que no prescribe. Pues sólo veo ausencia en mi guarida y no adivino si a esta pluma se le extinguió la tinta para que descifres con tu lectura, cómo subsisto a tientas al tenebroso desierto donde el calor se fuga por todos mis sentidos.

Pues ya se acaba el agua, y la sed, y el anhelo de vida. Y no sé si el grito de mis ojos se ha borrado ─o aún persiste─ con el mensaje de deseo que escribieron mis pupilas en este papiro que apesta a fallecimiento prematuro.

Las ortigas me nublan la vista pero me advierten que los buitres revolotean cerca de mi aliento. Y sola aguardo y aún confío en que me rescates de esta agonía que se demora eternamente, anunciando el comienzo de mi último suspiro.